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La encrucijada

Nos hallamos ante una encrucijada.
La pedagogía musical de este naciente siglo XXI se encuentra ante grandes retos. Retos no siempre exclusivos de la pedagogía musical, pero que precisan de respuestas ante las inquietantes preguntas que nos acucian.
Una encrucijada a la que hemos desembocado  tras un S XX fértil en metodologías que supieron dar respuestas diversas, por lo menos en la primera mitad de siglo, a los cambios humanos, sociales, musicales y educativos nacidos en el siglo XIX. Pero que ya a finales del XX -o tal vez antes pues muchos autores piensan que el siglo comenzó a cambiar con la caída del muro y se aceleró con la tragedia de las torres gemelas-, comenzó a correr hacia delante sin saber muy bien hacia donde empujada por los enormes cambios sociales, por la diversidad, la multiculturalidad, la inmediatez comunicativa y las nuevas tecnologías, el cada vez más detallado conocimiento físico del ser humano, las técnicas desarrolladas ante las investigaciones sobre la influencia cerebral y psíquica de la música, la integración social de discapacitados psíquicos y físicos, etc. Nunca ha habido en el mundo simultáneamente tanto bien y tanto mal, tanto dolor y tanta felicidad.
Una encrucijada es un ¿hacia donde? Algo pasa cuando las metodologías caducan tan rápidamente, cuando  los cambios son tan dinámicos que su asimilación y las respuestas metodológicas una vez estandarizadas quedan obsoletas ya en su nacimiento.
Los profesores se preguntan ¿hacia donde?
Porque quienes nos dedicamos a la música en su aspecto educativo, buscamos en ella no solo su encanto, sino respuestas ante la encrucijada. No respuestas novedosas o deslumbrantes sino útiles y validas ante la vorágine que nos envuelve y las necesidades cotidianas en las aulas. Respuestas a la inmovilidad ante un mundo tan dinámico y cambiante, a la homogeneidad ante tanta diversidad cultural, social, étnica o temporal. Respuestas que tal vez parezcan contradictorias, pero que están en la misma esencia de la música y que muchos (pedagogos, filósofos, literatos, sociólogos, historiadores, etc.) destacan como la raíz de su potencial.
¿No será que tenemos que volver a lo esencial, que como decía el principito es invisible a los ojos físicos perdidos ante tanta llamada cambiante exterior? ¿No será necesario un retorno a las esencias, al núcleo de la música y al núcleo del ser humano? ¿No será necesario, como le ocurre al artista marcial, encontrar un centro, para desde ahí, ver girar todo alrededor, poder atender las llamadas y volver al centro? ¿No será que como dice la profesora Delia Steinberg hay que reflexionar, flexionarse hacia dentro, para desde ahí, ver dificultades y problemas y poder poner prioridades y soluciones? ¿No será necesaria una mirada a lo atemporal o por lo menos a lo válido en distintas épocas y saber traerlo al momento actual? ¿No es esto aprender de la historia? ¿No se haya la música presente en todos los momentos y en todas las latitudes de una u otra forma?
Si, nos hallamos ante una encrucijada. Hay que  volver al principio del camino, a la esencia que nos puso en marcha, no al paisaje que nos rodeaba. Hay que hacer acopio de experiencia de tantos hombres y culturas destacadas pues tal vez los problemas no sean tan diferentes a los actuales salvo por su intensidad y globalidad.

Sebastián Pérez

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