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Viaje a Bayreuth (Peregrinatio) II Lohengrin

Lohengrin, ópera romántica en tres actos:

 

Lohengrin se inicia con un preludio que puede contarse entre las másicas más bellas de Richard Wagner. No tiene grandes innovaciones armónicas: belleza y una gran nobleza; mística; delicada y potente; heroica. Técnicamente compleja en cuanto a orquestación: divisis, cuidado y ricas matizaciones en el timbre. Se plantea como un crescendo con tres exposiciones básicas de los motivos del Grial hasta su culmen y resolución, melancolía y regreso al místico acorde en la mayor.

La escenografía, como siempre, invasiva del espectáculo, presente incluso durante el preludio que no puede escucharse en paz. Se levanta el telón a su mediado y aparece Lohengrin tratando de abrir una puerta, en una pared con tres agujeros, como si fuera un queso blanco. Consigue empujar la pared desde el borde del escenario hasta el fondo, creando el lugar para el comienzo del acto I, con el motivo del Rey.


Elsa es acusada ante el rey Enrique por Telramund de haber matado a su hermano, que ha desaparecido, para ocupar el trono de Brabante. Los cortesanos aparecen disfrazados de ratones con ojos luminosos rojos. Comparece Elsa acompañada de tres “ratones” que la apuntan con arcos y flechas. Ella misma aparece atravesada por las flechas de la maledicencia y la acusación, vestida con abrigo blanco. Mientras Telramund lanza su acusación, una proyección de video sobre una pantalla que baja hasta el centro del escenario, recrea mediante una ratonil animación “manga” el oculto trasfondo político de las intrigas de la Corte. Ortrud, esposa de Telramund, hará al inicio un pase, aunque no interviene en la acción, como motor en la sombra de las acciones de su esposo. Él no parece tener voluntad propia.
Elsa se declara inocente. El Rey, por medio del Heraldo, convoca un juicio de Dios y se solicita que un caballero acuda a probar la inocencia de Elsa. Tras las llamadas aparece Lohengrin desde el fondo, delante de un cisne tirado por ratones. Los cortesanos se desprenden de su traje oscuro y dejan ver otro amarillo. Tras ofrecerse a Elsa como su campeón, con la promesa de no preguntarle jamás por su nombre y origen, acepta el reto. La música ofrece el motivo del secreto, mientras que en la escena desaparecen todos los personajes t aparece Ortrud que posteriormente desencadenará la duda en Elsa.
El juicio acaba con el triunfo de Lohengrin que perdona la vida a Telramund. La música enfrenta los temas de ambos y el motivo triunfante de Lohengrin. El acto acaba de forma brillante, de una forma tradicional, con coro y los personajes fundamentales cantando a la vez. Un nuevo video muestra una lucha de ratones.
El acto II comienza con un redoble de atabal seguido de la oscura entrada de los graves de la cuerda. Telramund se queja a Ortrud de haber provocado su vergüenza y caída en desgracia. Ella se ríe de él, pero ya planea como influir en el corazón de Elsa. En la música el tema de Ortrud; ella vestida de negro. Aparece Elsa y la bruja comienza su labor. Se muestra humilde al principio para solicitar el perdón. Luego va inculcando en Elsa la duda sobre la naturaleza del Caballero, y el temor de que desaparezca de la misma forma en que llegó.
Amanece. No entraremos más en la obsesiva manera de llenar escenográficamente los solos orquestales. Es el día de la boda. Elsa se encamina a la iglesia con su cortejo; vasallos vestido de “fiesta”. Se interponen en su camino, primero Ortrud, que la increpa y le dice que tiene más derecho a subir por delante la escalinata, como esposa de Telramund, noble de la Corte. Luego Telramund que acusa a Lohengrin ante los presentes de haber vencido con engaño en un falso juicio de Dios, por medio de artes mágicas. Aparecen el Caballero y el Rey que se les enfrentan. Lohengrin observa el decaimiento de Elsa: la ponzoña ya hizo su efecto. Suben los tres  la escalinata de la iglesia para la celebración de la boda. Música brillante: este conjunto de solistas creado por Wagner me gusta más. Dominio musical de los temas de Ortrud, Telramund y el secreto, órgano de iglesia. Fundamentales los papeles de las dos mujeres, representados en esta ocasión por voces no muy bellas, pero que al menos no han gritado.
El acto III comienza con la música menos apreciada por la crítica pera la más conocida por el público general. El preludio es festivo y anuncia la música nupcial que le sigue, conocidísima, muy ceremonial. No la considero despreciable como tal, y es necesaria como contrapunto al dramatismo anterior y posterior. Wagner no sólo piensa en música. Creo que el canto nupcial contiene variaciones del tema del Caballero del cisne.
La entrada inicial de Lohengrin es tierna. Me gusta como canta, tiene un agradable registro medio; no tan convincente en algunos agudos suaves. Es noble y melancólico. Acompaña la escenografía menos desagradable… hasta que al mostrar Elsa sus dudas “aparece” una barca surgiendo desde abajo en medio de la cama. La música que canta Lohengrin es tan bella. Poco importa que formalmente se corresponda con el aria tradicional. A veces me harta la vana revolución… Al final Elsa realiza la fatal pregunta: ¿quién eres? ¿de dónde vienes? En ese momento, dramáticamente, aparece Telramund con la intención de matar al esposo; sin embargo es muerto por éste.
Paso de escena con la genial música en honor del rey Enrique. Por suerte esta vez no hay distracciones en escena. ¡Salve rey Enrique! Cantan los vasallos y aparece el Rey en escena. Lohengrin no va a poder conducirlos a la inminente batalla contra los invasores húngaros.  Elsa ha formulado la pregunta prohibida. Ante el Rey y la Corte confiesa: procede de tierra lejana, de un lugar maravilloso, Montsalvat, donde se custodia el Grial. Su padre es Parsifal y su nombre es Lohengrin. Suena la más hermosa música, se anunció en el preludio, y la llamada a mi querido cisne. Lohengrin se prepara para partir. Aparece Ortrud triunfante, ahora de blanco y con corona. Pero Lohengrin, mediante oración, hace que del cisne surja Godofredo, el hermano perdido de Elsa, al que la bruja Ortrud había transformado en cisne. Bella música; la más horrible escenografía: del cisne surge un huevo del que aparece un feto con su cordón umbilical. Ortrud es derrotada, Elsa cae muerta. Lohengrin parte a su lugar de origen.
La obra la salvan desde luego el coro y la orquesta. Lohengrin no está mal. Correctos el Rey y el Heraldo. El director musical, el letón Andris Nelsons, sutil en la matización, delicado en el tempo, emocionante hasta el final. Cero patatero para Hans Neuenfels, el escenógrafo responsable de la producción.
Richard Wagner conoció la leyenda ya en 1840. Lohengrin fue compuesto entre 1845, resumen en prosa y libreto, y 1847. Se estrenaría bajo la dirección de Franz Liszt en Weimar el 28 de agosto de 1850 (no asistiría Wagner, huido tras la revolución de 1848-49; no lo oiría hasta 11 años después). Se representó por primera vez en Bayreuth el 20 de agosto de 1894.
A todas las mujeres en desamparo de todos los siglos. A los seres geniales e incomprendidos, rodeados de extraños. Por todos los siglos.

Alberto Navarro Estrella

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